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¿CÓMO DEBERÍA FUNCIONAR LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE? (5.6.2014)

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¿CÓMO DEBERÍA FUNCIONAR LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE? 

Cada vez somos más los ciudadanos que ansiamos llegar a la redacción de una nueva  Constitución, verdaderamente democrática, garante de los derechos sociales, cuyo objetivo  principal sea la superación del modelo neoliberal. Dicho anhelo, invariablemente, nos conduce  hacia el camino de la Asamblea Constituyente: democrática, deliberante, participativa, sometida a  la aprobación plebiscitaria de la voluntad popular. 

En nuestro documento anterior ¿Cómo llegar a la Asamblea Constituyente?, hemos  formulado las condiciones esenciales para la instalación de la Asamblea Constituyente. En este,  se plantean los lineamientos generales de funcionamiento de la Asamblea Constituyente, para  lograr, efectivamente, que esta llegue a ser un verdadero ejercicio democrático, impulsado y  conducido por la ciudadanía, y no sea cooptado-como ha ocurrido en todos los procesos  constituyentes de nuestra historia-por la oligarquía y la casta política. 

En esta ocasión nos abocamos a plantear los aspectos cruciales relacionados con la  instalación y el funcionamiento de la Asamblea Constituyente. 

I De los delegados constituyentes 

Los delegados constituyentes deberán ser elegidos por voto proporcional a la población de  cada comuna. Cada comuna elegirá un delegado constituyente por cada 20.000 habitantes y  fracción superior a 10.000, sin distinción geográfica, incluidas las comunas virtuales, es decir,  aquellas constituidas por los ciudadanos chilenos que viven en el extranjero. Cada comuna tendrá  garantizado, al menos, un delegado constituyente, aunque su población sea menor de 20.000  habitantes. 

Todos los ciudadanos deberían ser considerados potenciales candidatos a delegados  constituyentes. Aquellas personas que detenten cargos de representación o responsabilidad  política - sea Presidente(a) de la República, senadores, diputados, ministros, subsecretarios,  intendentes, gobernadores - deberán renunciar a sus cargos 90 días antes de las elecciones de  delegados constituyentes. Lo anterior obedece a que estos cargos dependen del Poder Ejecutivo,  por lo tanto, deben seguir sus dictados, no pudiendo actuar con plena independencia de criterio.  Entonces, es necesario incorporar una ley transitoria para exigir que los diputados o senadores  que renuncien a sus cargos para ser candidatos a la Asamblea Constituyente, sean reemplazados  mediante elecciones complementarias. 

Por otra parte, se señala que las candidaturas a delegados constituyentes serán  individuales; así serán elegidos los candidatos más votados. 

II De la Asamblea Constituyente: autonomía - participación de la comunidad financiamiento -  materias 

En relación a su autonomía, la Asamblea Constituyente debe darse un reglamento interno  de manera soberana, sin condiciones ni consultas previas o paralelas al Congreso Nacional. 

Asimismo, esta Asamblea Constituyente deberá funcionar, tanto en pleno como en  comisiones, acordando, en primera instancia, los principios generales de la Constitución; luego,  cada tema específico será discutido y redactado en su respectiva comisión, pero aprobado solo  por el pleno. De acuerdo a su propio reglamento, debiera darse una organización interna de no  más de diez comisiones; de este modo, en cada una de ellas quedaría representado el máximo de  posturas. Los delegados se inscribirán en la que más les interese, así el principio imperante será  que la constitución de bloques esté fundada en los temas a discutir y no en los partidos o bloques  políticos. De esta suerte, es como los delegados deberán ser soberanos y actuar estrictamente en  conciencia. No obstante lo anterior, se debe garantizar que - a pesar de la elección de los  diputados - cada comisión quede debidamente conformada. 

En lo concerniente a las reuniones, sean estas de comisión o plenarias, deberán contar con  una asistencia mínima del 50% de los delegados. Los acuerdos de las comisiones - dirigidos a los  plenarios - deberán tomarse por quórum calificado (2/3). Si este no fuere logrado, la comisión  presentará dos alternativas al pleno. Los acuerdos de los plenarios, también deberán alcanzar un  quórum de 2/3. Si este no se cumpliere, la Asamblea Constituyente debería presentar dos  alternativas al plebiscito. 

Por otra parte, la ley que convoque a la Asamblea Constituyente deberá contemplar  explícitamente la participación y consulta ciudadana, a través de plebiscitos locales durante su  funcionamiento. Dichos resultados serán considerados mociones no vinculantes, pero de  discusión obligada por la Asamblea Constituyente. Tal como ya fuera mencionado, el pleno será  soberano tanto para aprobar como para rechazar mociones, aunque deberá hacerlo por 2/3 de sus  integrantes; en el caso de no lograr aprobar ni rechazar una moción, esta deberá ser presentada a  la ciudadanía a través de un plebiscito vinculante. 

Toda propuesta deberá ser presentada por los delegados constituyentes, ya sea por  petición de organizaciones sociales o por el resultado de plebiscitos locales. Los integrantes de  ambos poderes del Estado tendrán derecho a presentar mociones, en tanto simples ciudadanos, en  igualdad de condiciones que el resto de las personas. Todos los ciudadanos, sin excepción,  incluidos los chilenos que viven en el extranjero, podrán presentar mociones a la Asamblea  Constituyente, bastando para ello el apoyo del 5% de los delegados constituyentes. De esta  manera, se evita la presentación de propuestas de fantasía que no representen más que los anhelos  de los autores, carentes de representatividad social. 

En lo relativo al financiamiento de la Asamblea Constituyente, este debe contemplarse de  manera extraordinaria en la ley que fije su convocatoria, recurriendo el Estado a una excepción  respecto del presupuesto nacional normal. Eventualmente, dichos fondos pueden ser cargados, de  una vez o en cuotas, al gasto fijado en las leyes de presupuesto de los años siguientes. Entonces,  la dieta de los delegados deberá fijarse en diez sueldos mínimos durante el período de  funcionamiento de la Asamblea Constituyente: un año; prorrogable, máximo seis meses, sujeto a  condición de quórum supramayoritario. Además, todo delegado tendrá derecho a recibir –como  máximo-para gastos operativos y asesorías, el doble de su dieta (veinte sueldos mínimos  legales). Dichos gastos deben ser justificados. 

Las materias que se considerarán en la futura Constitución, será decisión de la propia  Asamblea Constituyente. Le corresponderá a ella resolver cuestiones como si será esta una  Constitución de principios - muy breve - o una que explicite el máximo de garantías legales  posibles. 

III De las inhabilidades 

El régimen de inhabilidades de los delegados constituyentes debe ser establecido  previamente por la ley que convoque la Asamblea Constituyente. 

Como ya quedó estipulado, los delegados constituyentes no podrán ejercer cargos  paralelos de representación o de responsabilidad estatal. Por lo tanto, es necesario considerar  incompatibles con la condición de delegados constituyentes, los cargos de parlamentarios,  ministros, subsecretarios y directores de servicios. Los altos mandos de las Fuerzas Armadas, los  jueces de la Corte Suprema y de Apelaciones, y el Tribunal Constitucional. A la inversa, podrán  ser delegados constituyentes, oficiales y tropa de las Fuerzas Armadas, jueces, funcionarios  públicos en general, que no estén en los niveles de autoridad anteriormente explicitados. 

IV Del financiamiento, propaganda y difusión 

Todo tipo de donación estará prohibido. El candidato que recibiere alguna donación será  eliminado. 

Se debe establecer claramente que la propaganda en afiches, lienzos, etc., se limite  exclusivamente a espacios municipales especialmente previstos para ello, en perfecta igualdad de  condiciones. Cada candidato tendrá derecho a un díptico y a un espacio en la radio y la televisión,  gozando todos de los mismos derechos. Austeridad. Existirá la prohibición absoluta de "carteleo"  público, excepto en paneles ubicados en lugares determinados por las municipalidades. Lo  anterior, con la finalidad de hacer política lo más ciudadana y lo menos mercantilista posible. 

Las deliberaciones de la Asamblea Constituyente, ya sean en comisiones o en plenarios,  serán de carácter público; por lo tanto, deberán ser transmitidas, en simultáneo a través de la  televisión (del canal del Congreso y otros) y, en diferido, quedarán las actas, accesibles a  cualquier ciudadano que requiera de ellas. 

Solo un funcionamiento de este tipo, efectivamente democrático, participativo y  transparente, puede asegurar que la soberanía popular sea ejercida de acuerdo al mandato  ciudadano, impidiendo de este modo que las "máquinas" y componendas politiqueras vacíen de  contenido democrático y transformador la acción de la Asamblea Constituyente. 

FORO POR LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE 

Santiago, 5 de junio de 2014 

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Cómo llegar a la AC (1.4.2014)

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¿CÓMO LLEGAR A LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE? 

I. INTRODUCCIÓN 

La proposición de una Asamblea Constituyente (AC) como única fórmula  democrática para refundar la institucionalidad política de la República de Chile ha ido  ganando mucho terreno en los últimos años. De tema “tabú”, exótico o marginal, se ha  convertido en un eje relevante de la discusión política nacional. Ya sea para apoyarla,  atacarla o eludirla, la AC está presente, de una manera u otra, en los debates políticos.

La AC ha ido concitando muchos y muy variados apoyos. A la izquierda de la  “Nueva Mayoría” (NM) casi todo el espectro político “alternativo” la levanta como  reivindicación política central en sus programas y plataformas de lucha. Incluso, al interior  de la coalición concertacionista ampliada también existen sectores que con diverso grado  de convicción, en algún momento declararon su adhesión a la AC. La nueva llegada al  gobierno de este conglomerado en marzo de 2014 ha puesto en el tapete de la discusión  nacional el tema constituyente, aunque, como es sabido, tanto la Presidenta de la  República como las fuerzas hegemónicas de su coalición son partidarias de la utilización  de mecanismos antidemocráticos -anteproyecto elaborado en comisiones nombradas "a  dedo" y luego discusión y aprobación por el Parlamento binominal-siguiendo el  comportamiento proverbial de las elites dirigentes a lo largo de toda la historia  republicana de Chile[1]. Esta operación, destinada a birlar una vez más la soberanía a su  titular, el pueblo, ya está en marcha. Algunos analistas desde la izquierda, sospechan que,  hasta en un gesto de suma osadía y maestría política, la coalición de gobierno podría nuevamente- apropiarse de la consigna de la izquierda y convocar a una pseudo AC bajo  reglas espurias: con el mismo sistema electoral actual, con la participación mayoritaria de  los partidos políticos de siempre y con un debate enclaustrado y rodeado de marketing  político, mas sin contenido claro ni vinculado a los problemas y preocupaciones de la  población. Ambas alternativas para la gestación de una nueva Constitución -directamente  por medio del parlamento actual o mediante una "Constituyente" vaciada de contenido  democrático real-servirían para afianzar el sistema de dominación aportándole mayor  legitimidad, sin alterar sus bases. Corresponde, pues, a quienes se consideren demócratas  consecuentes, levantar con fuerza la alternativa de la AC en tanto único mecanismo  plenamente democrático para elaborar una nueva Constitución. 

No obstante el acuerdo que existe entre amplios sectores de la izquierda y de los  movimientos sociales en torno a este diagnóstico y a la necesidad de empujar un proceso  constituyente democrático, siempre que se discute sobre el tema y surgen preguntas  como: ¿qué hacer?, ¿cómo podemos avanzar efectivamente hacia la reunión de una AC  democrática, representativa, libre y soberana? 

Con igual frecuencia se responde (o respondemos) que mediante la movilización y  presión popular cederá la resistencia de la casta política que nos gobierna y que solo de  ese modo se abrirán las compuertas que impiden la convocatoria a la AC. Si bien ese  enunciado es correcto en términos generales, constituye apenas una declaración de  principios, un punto de partida en el cual no podemos quedarnos. Hacerlo sería renunciar,  de hecho, a la AC. Es preciso avanzar en un diseño tentativo de una ruta conducente a la  AC que pueda ser discutido y enriquecido por las organizaciones sociales y políticas  democráticas. Es necesario trazar los contornos generales de una hoja de ruta  constituyente democrática y popular. A ello nos abocaremos en este documento. 

II. LA FUERZA CONSTITUYENTE 

Es preciso distinguir el camino institucional de la lucha del movimiento popular por  una verdadera AC y una Constitución democrática -esto es, con contenidos claramente  anti-neoliberales y garante de derechos sociales-del camino institucional propiamente tal  para desembocar en la AC. Mas no cabe duda de que ambos procesos están íntimamente  asociados ya que el desarrollo de una Fuerza Constituyente (FC) popular es la condición  previa, sine qua non, para el logro de una AC efectivamente libre, soberana y democrática,  que no sea hegemonizada por las fuerzas que sostienen el modelo económico y el sistema  político actuales. Sin una FC de este tipo no puede haber una AC que marque una ruptura  con el neoliberalismo y la democracia restringida, tutelada y de baja intensidad imperante  en Chile. Por ende, la tarea política central de las fuerzas consecuentemente democráticas  en la actualidades la formación de esa FC, siendo la AC el horizonte político de mediano  plazo. Sin una FC popular gravitante, la AC podría ser no más que una mascarada  destinada a dar apariencia “democrática” a un sistema político y a un modelo económico  levemente “maquillado”, pero que asegure la perpetuación del status quo. 

Es necesario precisar que la FC no es una organización política ni una coalición de  organizaciones políticas sino una política y una acción arraigada en las bases y  organizaciones sociales, en los colectivos sociopolíticos contestatarios y en aquellas  organizaciones políticas alternativas al sistema y al duopolio gobernante. La construcción  de la FC es un proceso que consiste básicamente en que las organizaciones sociales  populares asuman la necesidad de erigirse como poder constituyente. Ello implica en  términos prácticos, que cada organización o sector ciudadano discuta y levante programas  y plataformas de lucha en contradicción con las bases del modelo económico y del sistema  político actuales, comprendiendo y haciendo comprender a su entorno la relación entre  los males sociales que lo aquejan y el modelo que es su causante. Se deben conectar las  demandas sectoriales (educación, salud, derechos laborales, sistema previsional, defensa  del medio ambiente, recursos básicos, derechos de los pueblos originarios, de género,  etc.), de modo tal que la mayoría de la ciudadanía comprenda el vínculo existente entre  los distintos males sociales y el modelo en su conjunto, convirtiendo a la AC en la gran  demanda unificadora de todos estos sectores. 

El proceso constituyente debe efectuarse prioritariamente en la base social. Esto  significa que además de la discusión en las organizaciones sociales y de base que permita  comprender el vínculo entre las demandas sociales y el tema constitucional, debería  avanzarse en la tarea de formular preceptos constitucionales alternativos o grandes líneas  del nuevo diseño institucional. Un hito importante de este proceso constituyente en la  base ciudadana debería ser la constitución de un gran Frente de Comités por la AC,  organizaciones sociales y políticas, a cuya cabeza queden personalidades representativas  de distintos ámbitos del quehacer nacional, como una suerte de articulador de la FC  ciudadana y popular. Dicho Frente debe liderar la demanda por una nueva Constitución y  el proceso constituyente popular. Este proceso -que ya se desarrolla en forma  embrionaria en muchos puntos del país-debería acompañar las discusiones sobre las  demandas sectoriales o generales y el tema constitucional mediante la realización de  plebiscitos ciudadanos autoconvocados por las organizaciones sociales y, si fuera posible  en algunos lugares, en colaboración con aquellas municipalidades dispuestas a apoyar  procesos de empoderamiento ciudadano. Este ejercicio democrático será una forma muy  tangible de construcción de poder en la perspectiva de la AC. 

Para construir un poderoso movimiento ciudadano por la AC es preciso que el  grueso de la ciudadanía establezca un vínculo adecuado entre esta demanda y su vida  cotidiana. Es necesario recoger las principales reivindicaciones sociales y explicar las  razones que hacen imprescindible terminar con la actual Constitución. La construcción de  una FC implica que sectores crecientes de la población comprendan la vinculación que 

existe entre el ordenamiento legal que establece la Constitución y las demandas de la  población en cuestiones tan esenciales como educación, salud, pensiones, trabajo,  demandas de los pueblo originarios, riquezas naturales y derechos medioambientales. 

III. EL ITINERARIO CONSTITUYENTE 

La Fuerza Constituyente que se desarrolle de este modo -apoyándose en una gran  presión social-debería empujar el siguiente itinerario constituyente, recurriendo para  lograrlo a una deliberación, movilización y presión popular: 

  1. Convocatoria mediante decreto presidencial a un Plebiscito Nacional en el que la  ciudadanía se pronuncie sobre la idea de llamar a una AC. Las consecuencias de un posible  triunfo del SÍ deben quedar claramente establecidas; esto es, realización de elecciones  para delegados constituyentes en un plazo no superior a 90 días ni inferior a 30. En ese  momento deberá ejercerse gran presión sobre el actual Parlamento (no descartando un  paro nacional) para que este apruebe un llamado a elección de delegados constituyentes  bajo algunos lineamientos generales de carácter provisorio y un presupuesto adecuado  para su funcionamiento. Si bien el elemento clave para llegar a la AC es la movilización  popular, es necesario un momento de legalidad para legitimar ante toda la población este  mecanismo. Se debe obligar al Parlamento binominal a aportar esta cuota de legitimidad. 
  2. Las elecciones de delegados constituyentes deben efectuarse bajo un sistema  proporcional de elecciones, pudiendo participar en ellos todos (as) los (as) ciudadanos (as)  que no estén inhabilitados legalmente para hacerlo, incluyendo quienes vivan en el  extranjero. Los actuales parlamentarios quedarán excluidos automáticamente de la  posibilidad de ser candidatos a la AC. 
    La campaña electoral para la AC debe realizarse bajo parámetros muy diferentes a  los que imperan hasta ahora. Se asegurará una efectiva igualdad en el acceso a los medios  de comunicación de todas las candidaturas, haciendo caso omiso de las correlaciones de  fuerza existentes en el actual Parlamento y en otras instancias del sistema de democracia  restringida y tutelada imperante. 
    El derecho a voto de los miembros de las FF.AA. y de Orden deberá ir acompañado  de la realización de una discusión sobre los temas constitucionales en todas las unidades  de dichas instituciones. Este debate debe consumarse de manera efectivamente  democrática y no sujeta a la verticalidad del mando. El cumplimiento de esta tarea  requerirá de un riguroso seguimiento de las organizaciones sociales y políticas  democráticas, puesto que de su adecuada realización significará el comienzo del proceso  de democratización de los cuerpos armados del Estado, única garantía de que estos  respeten la expresión de la soberanía popular. En lo posible, habrá que incorporar a  militares y policías a las discusiones que realice la ciudadanía, en barrios y organizaciones  comunitarias. Debe evitarse que la deliberación castrense o policial sobre estos temas se  realice a puertas cerradas. Interesa a la democracia que las ideas circulen libremente, sin  barreras corporativas o institucionales. 
  3. La AC así elegida elaborará su propio reglamento y fijará la duración de sus trabajos (en  ningún caso más de un año), teniendo como principio rector de sus actividades asegurar el  ejercicio de la soberanía por su titular, el pueblo, mediante consultas ciudadanas sobre  distintos temas en discusión[3].
  4. Durante el funcionamiento de la AC se realizarán plebiscitos nacionales, regionales y  comunales sobre puntos en los que no exista acuerdos de amplia mayoría entre los  delegados constituyentes. Los quórom supra mayoritarios deberían ser, en este sentido,  mecanismos tendientes a resguardar el derecho a que sea la ciudadanía la que decida en  última instancia, evitando las componendas en el seno de la AC y el desvío de los  delegados constituyentes de sus mandatos. La discusión no debe quedar enclaustrada en  la AC, debe continuar en la base social. Si bien, esta recurre al mecanismo de la  representación, no renuncia en ningún momento a ser el titular de la soberanía. Los  mecanismos de la democracia representativa deben combinarse armoniosamente con los  de la democracia directa antes, durante y después del funcionamiento de la AC. Esa es la  mejor garantía de una Constitución y un futuro democrático para el país. 
    El proyecto de Constitución propuesto por la AC será sometido a plebiscito  nacional. 
  5. Una vez aprobada la nueva Constitución, se convocará a elecciones generales para  elegir autoridades en todos los niveles (Presidente de la República, Congreso Nacional,  municipalidades, etc.) conforme a los preceptos del nuevo texto constitucional en un  plazo que será precisado en sus disposiciones transitorias. 

Como ya se ha afirmado, este itinerario institucional lejos de excluir, presupone  como requisito fundamental el desarrollo de una Fuerza Constituyente y de un proceso  constituyente de base esencialmente popular, paralelo al que se realice de acuerdo con  ciertas formalidades legales. En este sentido, cobrarán importancia todo tipo de iniciativas  que permitan el mayor despliegue posible de la fuerza y creatividad popular. La realización  de un ejercicio deliberativo constituyente previo a la reunión de la AC, tomando como  base a la izquierda y los movimientos sociales, bajo la forma de una "Constituyente chica"  (como la que se organizó en 1925), puede ser una significativa tarea de construcción de  fuerza constituyente, a condición de que no se confunda este hito con la AC de carácter  verdaderamente nacional, cuya legitimidad no podría ser cuestionada dado que su  concreción no puede ser sino el resultado de la expresión mayoritaria de la ciudadanía,  circunscribiéndose a ciertas formalidades legales (decreto presidencial, ley emanada del  Parlamento, plebiscitos, etc.) que la hagan inobjetable. 

Dicho de otro modo, la lucha del movimiento popular por una verdadera AC y por  una Constitución garante de derechos sociales que encarne la superación del modelo  neoliberal, podría tener como uno de sus hitos la reunión de una "Constituyente social" o  "Constituyente chica" como paso previo, pero en ningún caso como alternativa o renuncia  a la AC nacional. Ello significa, entre otras cosas, que la demanda de la AC no debe teñirse  o confundirse con los colores exclusivos de la izquierda y de los movimientos sociales, sino  con los de la democracia en general, aunque estemos seguros de que serán la izquierda y  los movimientos sociales sus principales impulsores. 

Foro por la Asamblea Constituyente 

Santiago, 1 de abril de 2014. 

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1 Sobre este tema, véase, el documento del Foto por la Asamblea Constituyente, "Una comisión bicameral para generar  una nueva Constitución es un procedimiento antidemocrático", Santiago, 1 de marzo de 2014, en  http://www.convergenciaconstituyente.cl/?p=1136 

2 Carla Amtmann Fecci, "Asamblea Constituyente en Chile: ¿Y si fuera mañana?", marzo de 2014, en  http://www.convergenciaconstituyente.cl/?p=1373 

3 Véase el documento del Foro por la Asamblea Constituyente, Una Asamblea Constituyente democrática y  representativa, Santiago, 15 de enero de 2014, en http://www.convergenciaconstituyente.cl/?p=691. 

La Izquierda busca su camino

Jornadas de Debate Popular
La Izquierda busca su camino

 
Juan Jorge Faundes
Punto Final


Variadas organizaciones del espectro político a la izquierda del Partido Comunista -críticas del “reformismo” y autodenominadas de “Izquierda revolucionaria”-, se reunieron en el liceo Fermín Vivaceta, de Santiago, para intercambiar opiniones sobre qué hacer ante el escenario que se abre el 11 de marzo, con el gobierno de Michelle Bachelet y la Nueva Mayoría. Convocantes y organizadores de las Primeras Jornadas de Debate Popular fueron los centros de estudio independientes Grupo de Estudios Marxistas, GEM; Estudios Nueva Economía, ENE; Grupo de Estudios de Ciencias Sociales y Política, GECSyP, y Plataforma Nexos. Leer más...

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Razones para una Dictadura

Carlos Pérez Soto
Profesor Universidad Arcis

Muchos estudiantes me preguntan por las razones que llevaron a la Dictadura que empezó en este país hace cuarenta años. Politizados por las movilizaciones del 2005 y el 2011, ya han buscado por sí mismos los relatos que dan cuenta de los hechos. La muerte de Salvador Allende durante el asalto a la Moneda, el asesinato de Víctor Jara, el Estadio Nacional, Tejas Verdes, la caravana de la muerte, la tortura, los desaparecidos. Es interesante que no pregunten por los hechos --el paro de los camioneros, la intervención de la CIA, las querellas internas de la izquierda, la activa complicidad de la Democracia Cristiana-- preguntan por las razones. Los estudiantes en los primeros años de la universidad, los secundarios, sobre informados por sus búsquedas en YouTube y Google, me piden ir más allá de la trágica superficie hacia la tragedia más profunda de las causas y el sentido. Es interesante que estén dispuestos a escuchar, pero no necesariamente a creer. Me piden referencias bibliográficas, quieren que les sugiera análisis y estudios para leer. No preguntan qué ocurrió, ni cuándo ni cómo, la pregunta directa y quemante va dirigida hacia el por qué.

Yo les digo que la profundización de la Reforma Agraria generó hondos rencores en la derecha más tradicional, odiosidades cuyo eco hace que hasta el día de hoy la Democracia Cristiana, que inició ese proceso aún siendo un partido de derecha, sea vista con desconfianza y resquemor por la derecha profunda, que nunca se resignó a la pérdida de los privilegios brutales y violentos que ostentaba. Les digo que la nacionalización del cobre, de la telefonía, del hierro y el salitre, golpearon directamente las desmesuradas ganancias que las empresas trasnacionales obtenían, con la venia de los gobiernos hasta esa época, y las llevaron, junto a algunos empresarios muy chilenos, a pedir la intervención de la CIA. Les cuento que la retórica maximalista de una izquierda provinciana, que en su composición y programa apenas excedía los métodos y los objetivos de la socialdemocracia, exacerbó los ánimos en plena guerra fría, nada menos que en el patio trasero del imperialismo, ya conmovido por la revolución cubana. Les hablo de cómo las largas iras del pueblo, acumuladas durante siglos de opresión y miseria, se desbocó en una enorme revolución de expectativas que superó, como una ola furiosa, el conservadurismo pacato y opresivo de la cultura nacional, y permitió que el 45% de los chilenos siguieran apoyando a su compañero presidente aún en medio de una profunda crisis económica precipitada por el sabotaje financiado desde fuera, y aún en medio de una millonaria propaganda que llamaba al odio y a la confrontación, fomentada y financiada justamente por los que decían oponerse al odio y la confrontación.

Pero escucho yo mismo estas razones y me parecen aún insuficientes. Verdaderas, pero aún demasiado pegadas al momento y a la anécdota. En sus preguntas, en el enojo que traslucen, en mi propio enojo, veo la demanda por explicaciones de mayor alcance, con mayor sentido histórico.

Y entonces les digo que el golpe mismo, que el terror, sólo fue un medio. Un medio que, a pesar de la violencia y la tragedia fue, en realidad, acotado. Un medio que buscaba empezar una dictadura. Pero una dictadura que era a su vez sólo un medio. Una forma de restaurar privilegios pero, por sobre todo, una forma de refundar las bases que aseguraban desde hace siglos esos privilegios. Una dictadura cuya forma violenta sólo limpiaba el camino para establecer los verdaderos objetivos. Que no era importante por su forma sino por sus contenidos.

En realidad, les digo, lo que se quería era desnacionalizar el cobre, privatizar el mar. Lo que se quería era un régimen en que se pudiera privatizar la educación, la salud, el manejo de los fondos de pensiones. Se quería algo mucho más profundo y permanente que la violencia militar. Algo para lo cual esa violencia armada era, incluso, inconveniente. Se quería una dictadura con estabilidad política. Una dictadura donde puedan mandar sin contrapeso los bancos. Donde los ricos apenas paguen impuestos, y las mineras extranjeras se puedan llevar la piedra en bruto, sin pagar nada por todo lo que no declaran. Una dictadura donde los derechos laborales prácticamente no existen, o son anulados por las libertades empresariales sin contrapeso. Donde la corrupción estatal favorezca de manera invariable al interés privado. Donde los representantes no representen realmente a sus electores sino al mejor postor. Donde la apariencia de libertad de expresión sea anulada por el monopolio sobre los medios de comunicación. Donde las elecciones aseguren el poder de veto de la derecha. Una dictadura que presente como éxito económico el que seamos saqueados por las trasnacionales, que regale las semillas al capital privado, que permita que el 1% de la población retenga gane cuarenta veces más que el promedio del otro 99%.

Es por todo esto que cuando los estudiantes tratan de explicarse por qué ocurrió el golpe de Septiembre de 1973, cuando tratan de instruirse sobre las circunstancias sangrientas de la dictadura, y buscan bibliografías para ello, lo que puedo decir, lo que tengo que recomendar, desde el fondo de mi indignación es esto: miren el presente, la dictadura es hoy.
La memoria histórica de Chile no requiere ya de libros sobre el pasado. A los que quieran leer sobre las causas, a los que quieran entender la tragedia de la dictadura en Chile, lo que les diré, una y otra vez, con la viva indignación que he acumulado en cuarenta años de in-cilio, es esto: lean el presente, la dictadura es hoy.

Santiago, 3 de Septiembre de 2013.

(Columna aparecida originalmente en

http://www.elciudadano.cl/2013/09/03/81033/razones-para-una-dictadura/ )

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